En una consulta cada minuto que recepción pasa al teléfono es un minuto que no está con el paciente, y cada hueco de una hora que se cae a las nueve es una hora perdida si nadie mueve la lista de espera. Esto es lo que puede hacerse solo, con la discreción que exige tratar con datos de salud.
Nos conectamos al que ya tengáis si ofrece por dónde, y los habituales del sector lo hacen. La agenda sigue siendo la vuestra: la automatización lee los huecos reales de cada profesional, con sus duraciones por tratamiento, y escribe en ella igual que lo haría recepción.
Son datos de salud y se tratan como tales: se guarda lo mínimo, cifrado, en servidores de la Unión Europea, con consentimiento y con el contrato de encargado de tratamiento firmado con la clínica. Ningún mensaje automático menciona el motivo de la visita, y las reseñas se contestan sin confirmar nunca que alguien sea paciente.
Claro. El teléfono se sigue cogiendo; lo que cambia es que las citas que entran por WhatsApp o por la web a las once de la noche ya no esperan a la mañana siguiente, y que quien llama encuentra a recepción libre más a menudo.
Casi siempre por los recordatorios con «confirmar» o «mover» y por la lista de espera, porque es donde antes se nota: menos ausencias y huecos que se cubren solos. La conexión con el programa de citas se comprueba en la consultoría antes de dar fechas.
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