En un gimnasio nadie se da de baja de golpe: primero deja de venir. Y un recibo devuelto que se descubre tres semanas tarde ya es una conversación incómoda. Las dos cosas se ven a tiempo si alguien mira los datos que ya tenéis, y eso es justo lo que puede hacerse solo.
Con el que uséis para el control de acceso y los recibos, si tiene por dónde conectarse; si no, con el fichero de devoluciones del banco y la exportación de accesos, que valen igual. Se mira en la consultoría.
Escribiéndole el mismo día, con el importe exacto y un enlace para pagarlo desde el móvil, sin pasar por recepción ni dar explicaciones delante de nadie. Un segundo aviso unos días después, y ahí se para. Cuanto antes se pide, más se cobra y menos molesta.
Lo prepara. La automatización detecta a quien lleva tres semanas sin pasar cuando venía tres veces por semana y deja el mensaje escrito para esa persona; recepción decide si lo manda, porque no todos los casos son iguales.
Sí, y es donde antes se nota: con doscientos socios, unos pocos recibos recuperados y un par de bajas evitadas al mes ya se ven en la cuenta. Lo que cambia con el tamaño es cuánto hay que conectar, no si compensa.
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