Revisar la cartera, ver qué ha vencido, escribir al cliente, apuntar que se le escribió y acordarse de volver a escribir la semana siguiente. Es un trabajo que nadie quiere hacer, que siempre se deja para mañana y que, cuando se retrasa, se paga en tesorería.
Los avisos salen de vuestro buzón, con vuestra firma y con los datos concretos de su factura, y cada uno tiene en cuenta lo que se dijo antes. No tienen el aspecto de una notificación genérica. Aun así, el tono y los textos los aprobáis vosotros antes de empezar.
Si el cliente contesta que ya ha pagado, la reclamación se pausa y se avisa a administración para que lo compruebe. Además se puede dejar un margen de días tras el vencimiento antes del primer aviso, para no escribir a quien pagó ayer y aún no está conciliado.
Sí. Los clientes marcados no reciben nada automático: la automatización prepara el aviso y se lo deja al responsable, que decide qué hacer con él.
Sí. Cada expediente guarda qué se envió, cuándo, qué contestó el cliente y qué se hizo después. Sirve para el día a día y para cuando hay que demostrar que se reclamó.
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